Años atrás, el hecho de pensar en la militancia política sólo me significaba el remontarme a una época que no había vivido, pero que se hallaba fuertemente presente en mí.
Quedaba un espacio vacío entre aquel pasado y mi presente. La incertidumbre ante qué hacer con los pensamientos, valores, creencias e ilusiones que me ahogaban por no hallar la esperanza de que se materializaran.
En la década del 90 la política, tanto como sustantivo o adjetivo, se encontraba, para muchos, distorsionada. Causa o excusa suficiente para no comprometerse con ella, el no poder considerarla tal cosa.
Patriotismo, compromiso, orgullo, respeto, esfuerzo... todo entristecido por la sensación o el sentimiento de que Argentina ya no nos pertenecía.
Si considerase que política es "el proceso orientado ideológicamente hacia la toma de decisiones para la consecución de los objetivos de un grupo", fácil me resultaría pensar que hasta hace unos ocho años, no teníamos a nivel gubernamental o social, un ideología que defender o enfrentar; objetivos por los cuales luchar u oponerse; pero sobre todo, no había grupo con el cual identificarse, discutir o evaluar un rumbo a seguir.
Habíamos pasado del inmenso y brutal episodio de la "apropiación ilícita" (para evitar la generación de seres ideológicos y políticamente activos) al "despojo cuasi absoluto" (para fomentar la generación de seres apolíticos e ideológicamente inactivos).
Pero la "era K" nos desarraigó del entumecimiento. Nos devolvió "la política". La posibilidad de elegir, pues nos encontramos frente a diferentes modelos y proyectos de país, junto al derecho y la obligación de decidir.
Se nos han devuelto razones para militar, apoyando o confrontando. Se nos ha devuelto el lugar como ciudadanos para hacer mucho más que guardar una boleta en un sobre.
El voto es el símbolo de la democracia. Pero se transforma simplemente en un trámite, cuando sólo nos representa la elección entre uno u otro conjunto de nombres. Si lo que elegimos son proyectos, políticas de estado, derechos, objetivos, obligaciones... cuando lo que elegimos es tener o no PATRIA, el voto deja de ser un símbolo para convertirse en realidad.
Es entonces, cuando la política y la democracia se han vuelto a reconocer como realidad para los ciudadanos, que nos hallamos impulsados a activarnos. De un lado o del otro de un concepto de patria, la gran mayoría ha considerado necesario defender su lugar.
En las urnas... en las calles... en la red... cada cual tiene su espacio para alzar su voz. Que los otros la oigan, como personas puede ser un derecho, pero como ciudadanos comprometidos es una necesidad.
En el artículo "La colonización de la subjetividad" (publicado por el diario El País en febrero del 2004) José Pablo Feinmann dice: (...) El nuevo proyecto de dominación mundial es colonizar las conciencias, someter la subjetividad. (...) La revolución comunicacional radica en eliminar de la Tierra la capacidad de negación, de diferenciación. En sujetar los sujetos. Sus principales armas son la televisión, el cine, el periodismo, los magazines, las radios, los canales de cable. Y, formidablemente, Internet, donde algunos creyeron, muy ingenuamente o con decidida mala fe, que iba a instalarse la "sociedad transparente". (...) El poder del poder comunicacional radica en que todos pensemos "lo mismo". Lo mismo que el Poder. (...) El Poder comunicacional es publicitario. Nos entretiene. Mata nuestra conciencia entreteniéndonos. El Poder da las respuestas. Al hacerlo elimina la posibilidad de las preguntas. (...) Quizá el objetivo más importante de nuestros días es descubrir lo que somos, pero para rechazarlo. La frase es de Michael Foucault. Y Sartre dijo, "uno es lo que hace con lo que hicieron de él". (...)
Si bien en este artículo Feinmann puede resultarnos un tanto absolutista, sin demasiado esfuerzo podemos comprender su grado de verdad. La mayoría de las razones que pudiesen encaminarnos a tales afirmaciones, podríamos verlas reflejadas en aquellas que produjeron la evolución transitada por Internet al pasar de la Web 1.0 (vigente desde 1991 al 2003) a la Web 2.0 (que llegó aproximadamente en el 2004, año en que se publica dicho texto). En medio del escrito, hablando del Poder comunicacional, el filósofo agrega "¿Es justo que el Poder sea el Poder? ¿Qué pienso 'yo' de todo esto? Aquí asomaría ya la rebelión. Sofocar el surgimiento de esos estados de conciencia es la tarea de lo comunicacional en tanto colonización y oscurecimiento."
En el artículo "La colonización de la subjetividad" (publicado por el diario El País en febrero del 2004) José Pablo Feinmann dice: (...) El nuevo proyecto de dominación mundial es colonizar las conciencias, someter la subjetividad. (...) La revolución comunicacional radica en eliminar de la Tierra la capacidad de negación, de diferenciación. En sujetar los sujetos. Sus principales armas son la televisión, el cine, el periodismo, los magazines, las radios, los canales de cable. Y, formidablemente, Internet, donde algunos creyeron, muy ingenuamente o con decidida mala fe, que iba a instalarse la "sociedad transparente". (...) El poder del poder comunicacional radica en que todos pensemos "lo mismo". Lo mismo que el Poder. (...) El Poder comunicacional es publicitario. Nos entretiene. Mata nuestra conciencia entreteniéndonos. El Poder da las respuestas. Al hacerlo elimina la posibilidad de las preguntas. (...) Quizá el objetivo más importante de nuestros días es descubrir lo que somos, pero para rechazarlo. La frase es de Michael Foucault. Y Sartre dijo, "uno es lo que hace con lo que hicieron de él". (...)
Si bien en este artículo Feinmann puede resultarnos un tanto absolutista, sin demasiado esfuerzo podemos comprender su grado de verdad. La mayoría de las razones que pudiesen encaminarnos a tales afirmaciones, podríamos verlas reflejadas en aquellas que produjeron la evolución transitada por Internet al pasar de la Web 1.0 (vigente desde 1991 al 2003) a la Web 2.0 (que llegó aproximadamente en el 2004, año en que se publica dicho texto). En medio del escrito, hablando del Poder comunicacional, el filósofo agrega "¿Es justo que el Poder sea el Poder? ¿Qué pienso 'yo' de todo esto? Aquí asomaría ya la rebelión. Sofocar el surgimiento de esos estados de conciencia es la tarea de lo comunicacional en tanto colonización y oscurecimiento."
J. P. Feinmann, Foucault, Sartre y la Web 2.0 nos invitan a lo mismo: tomemos partido, pensemos, hagámoslo saber, discutamos, produzcamos, compartamos. No nos quedemos sólo con lo que nos dan, participemos, hagamos y demos nosotros. Preguntemos. Busquemos respuestas. Refutemos y repreguntemos. Fundamentemos. Utilicemos las nuevas tecnologías como lo que son: herramientas. Cibermilitemos.
La era K llegó a tiempo de enseñarnos a no rendirnos, a no sentarnos a esperar.
Vayamos por más, nunca menos.
Vayamos por más, nunca menos.
Enlace de la foto federico-soria.blogspot.com

